Un camino puede ser varias cosas a la vez: el recorrido que permite llegar de un punto a otro, la vía por la que viaja la producción a un puerto desde donde partirá hacia el otro lado del planeta o al comercio del barrio, la traza que comunica pueblos y ciudades, la huella que parece perderse entre medio de dos campos sembrados, el sendero que nos puede llevar a redescubrir un paisaje del pasado, parte del viaje hacia las vacaciones o pieza fundamental de un proyecto integrador capaz de crear homogeneidad respetando las diferencias.
Todo eso, y más, es la Ruta 2, entendida desde antes de su origen mismo como construcción de identidad local, comunicando pequeños pueblos y grandes ciudades, provincial, atravesando varios de sus distritos, y nacional, como supo serlo desde que fue el camino que le permitió a sectores sociales diversos veranear en lugares donde antes estaba reservado para unos pocos, como un elemento democratizador.












